Celebramos el 107º aniversario de la fundación de la Internacional Comunista (Comintern). La fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores —la Primera Internacional— el 28 de septiembre de 1864 fue un hito importante para el movimiento obrero revolucionario. Inspirado en el Manifiesto comunista y encabezado por Karl Marx y Friedrich Engels, unió a sindicatos, sociedades de ayuda mutua, y organizaciones y grupos políticos y culturales, suponiendo una ruptura decisiva con el oportunismo en un marco internacional y guiando la lucha de la clase obrera mundial por el derrocamiento del capitalismo a la vez que daba un impulso a la interiorización de la necesidad de establecer partidos políticos obreros. Su disolución (1876) llegó tras la derrota de la Comuna de París (1871) ante las nuevas circunstancias que tuvo que afrontar.
La Segunda Internacional fue fundada el 14 de julio de 1889, en medio de un rápido crecimiento del sistema capitalista y el auge veloz del movimiento obrero. Los problemas ideológicos y políticos, junto con la predominancia del reformismo, condujeron a la bancarrota de la II Internacional, producto de la corrosión de los Partidos Obreros en la época que condujo al estallido de la I Guerra Mundial Imperialista en 1914 y a la traición final a los intereses de la clase obrera en favor de la burguesía. Ejemplos notables de partidos que no siguieron a la burguesía en sus países fueron los bolcheviques en Rusia, dirigidos por V.I. Lenin; los internacionalistas-espartaquistas en Alemania (Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Franz Mehring, etc.); y ciertos grupos socialistas en los Balcanes.
La Gran Revolución Socialista de Octubre demostró con el ejemplo práctico que era posible una revolución obrera capaz de tomar el poder y sirvió como faro que sigue iluminando hasta el día de hoy la lucha del pueblo trabajador de todo el mundo. Lenin planteó la necesidad crucial de reformar los programas de los partidos obreros, renombrarlos como Partidos Comunistas y establecer una nueva Internacional.
La fundación de la Comintern el 4 de marzo de 1919 fue así pues un paso importante para dar al movimiento obrero revolucionario un marco organizativo definido en el que podría cumplir sus deberes revolucionarios. A través de su intervención teórica y práctica, realizó una contribución importante en la formación de Partidos Comunistas, que se convirtieron en la fuerza dirigente en el derrocamiento del capitalismo en muchos países.
El desarrollo de la Comintern fue preparado por la organización de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, en las que se fortaleció una línea de confrontación entre el movimiento obrero revolucionario y el oportunismo, así como con su variedad centrista o socialdemócrata “de izquierda”. Gracias a la contribución de Lenin, la época contemporánea se caracterizó como la fase imperialista del capitalismo y se reafirmó la conclusión necesaria de convertir la guerra imperialista —que amenazaba con estallar entre los estados imperialistas— “en una guerra civil proletaria contra la burguesía, con el propósito de establecer la dictadura del proletariado y el socialismo”.
Desde el inicio de la Guerra Imperialista en Ucrania ha tenido lugar una diferenciación similar dentro del Movimiento Comunista Internacional. Ahora podemos observar que muchos de los llamados Partidos Comunistas y Obreros han renunciado a representar los intereses independientes de la clase obrera, renunciando al Internacionalismo Proletario en favor del apoyo a su propia burguesía en conflictos imperialista y posponiendo de forma indefinida la preparación de la revolución socialista al proclamar la necesidad de luchar por distintas “etapas intermedias”.
A lo largo de la historia, la Comintern fue el centro mundial dirigente de la lucha del pueblo trabajador por el socialismo-comunismo, haciendo importantes contribuciones a la teoría del marxismo-leninismo que necesitan un estudio más profundo incluyendo los problemas y las contradicciones en su estrategia; problemas importantes que tuvieron un impacto negativo en todos sus miembros y que incluyen por ejemplo el carácter de la guerra imperialista, la lucha contra el fascismo y el sistema capitalista del que surge y la posición hacia la socialdemocracia. No obstante, ello no disminuye su significativa contribución al Movimiento Comunista Internacional hasta su autodisolución final en 1943.
Debido a su carácter internacional, la lucha de la clase obrera siempre necesitará una dirección política y una estrategia unificadas.
Hoy, como en 1919, cuando se fundó la Comintern, reconocemos que el sistema imperialista es la fase superior y decadente del desarrollo capitalista. El desarrollo de las fuerzas productivas a un nivel tan alto que entra en grave contradicción con las relaciones capitalistas de producción inhibe la posibilidad de usarlas para satisfacer las necesidades del pueblo. El socialismo-comunismo es más necesario y oportuno que nunca.
La fundación y las actividades de la ACE, basadas en su Declaración Fundacional y en nuestra cosmovisión, el marxismo-leninismo, contribuyen al esfuerzo de desarrollar una estrategia revolucionaria común y cimentan el terreno para una forma superior de organización del polo marxista-leninista dentro del movimiento comunista internacional. La consigna del Manifiesto Comunista sigue siendo tan relevante como siempre: “Proletarios de todos los países, ¡uníos!”