La Acción Comunista Europea conmemora el 90 aniversario de la fundación de las Brigadas Internacionales y el heroico sacrificio de miles de hombres y mujeres trabajadoras que abandonaron sus países, sus trabajos, sus familias y sus hogares para combatir el fascismo en España, mientras muchos de los Partidos Comunistas a los que pertenecían actuaban en la clandestinidad. Su valentía es todavía hoy un referente en la lucha de la clase obrera, y su experiencia también nos ofrece valiosas enseñanzas políticas que no debemos olvidar.
El 14 de octubre de 1936 llegan los primeros brigadistas internacionales a Albacete. La llegada de los brigadistas a España es uno de los más claros ejemplos históricos de internacionalismo proletario, producido a iniciativa política y organizativa de los Partidos Comunistas de todo el mundo. Debe destacarse que la Unión Soviética fue el principal proveedor de armas a la España republicana y, sin lugar a dudas, la fuerza impulsora de la ayuda internacionalista que llegó al pueblo español desde todos los rincones del mundo a lo largo de la guerra.
Las Brigadas Internacionales surgieron como consecuencia de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista el 18 de septiembre de 1936. Inmediatamente se preparó un centro de reclutamiento internacional en París, en el que tuvieron un papel organizativo fundamental el Partido Comunista Francés (PCF) y el Partido Comunista Italiano (PCI), entonces en el exilio.
Durante el transcurso de la guerra fueron a España hasta 35.000 trabajadores de más de 53 países de Europa, América, Asia y África. Algunos no pudieron regresar a sus hogares, enfrentándose a represión laboral, dificultades administrativas y hasta la cárcel.
Durante la guerra contra el fascismo en España, las Brigadas Internacionales participaron en decisivas batallas como Madrid, Guadalajara, Belchite, Teruel, Caspe o la del Ebro. En cada una de estas batallas dejaron su huella imborrable, así como un ejemplo de abnegación y sacrificio.
El papel de las Brigadas Internacionales en la guerra de España nos recuerda cómo, ante un enemigo poderoso, a veces incluso más fuerte, se puede vencer con la movilización de las fuerzas de la clase obrera y su espíritu de sacrificio. En la batalla de Guadalajara, la inicial superioridad material de los fascistas, que acumulaban más artillería, más ametralladoras, más vehículos y unidades motorizadas que los antifascistas, fue superada por la resistencia heroica de la clase obrera. Las Brigadas Internacionales jugaron un importante papel en esa batalla, que evidenció claramente el carácter internacional de la guerra. En esta batalla se pusieron frente a frente las unidades fascistas del Corpo Truppe Volontario de Mussolini y los brigadistas italianos del Batallón Garibaldi de la XII Brigada Internacional.
Después de la guerra, los brigadistas tuvieron que enfrentarse a las duras consecuencias de la derrota, igual que los trabajadores españoles. Algunos fueron encerrados en los duros campos de concentración españoles, sometidos a condiciones degradantes y torturas. Otros fueron directamente fusilados. También hubo brigadistas deportados a los infames campos de concentración nazis. La mayoría de ellos murieron en el encierro.
La retirada de las Brigadas Internacionales de la guerra contra el fascismo en España debe ser objeto de análisis por parte de los Partidos Comunistas y Obreros. A pesar del destacado papel de los brigadistas en la guerra, numerosas fuerzas dentro del bando republicano trataron en todo momento de limitar sus capacidades por miedo a la Internacional Comunista. Así, por ejemplo, los intentos de Indalecio Prieto de mermar organizativamente a las Brigadas, especialmente después de la batalla de Belchite. En mayo de 1938, el presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, publica sus famosos «Trece Puntos». En esos «Trece Puntos», Negrín llama a la conciliación con los gobiernos burgueses democráticos. Pretende vencer al fascismo mediante la acción internacional, ignorando el carácter de clase burgués del fascismo.
En octubre de ese año, Negrín anuncia ante la Sociedad de Naciones la retirada unilateral de las Brigadas Internacionales de España. Esperaba que, entonces, los gobiernos de las democracias burguesas exigieran la retirada de las fuerzas invasoras de los países fascistas. Ignoraba que las democracias ya habían dejado claro, mediante su política de «No Intervención», que la contradicción fundamental no era entre «democracia» y «fascismo», sino entre los intereses de clase de la burguesía y los de la clase obrera.
En particular, los gobiernos burgueses del Reino Unido y Francia no exigieron a los países fascistas retirar sus tropas de España. Todavía más: una semana después, el 30 de septiembre, firmaban con Hitler los Acuerdos de Múnich, que permitieron la invasión de parte de Checoslovaquia.
La experiencia de las Brigadas Internacionales nos deja, por lo tanto, valiosas lecciones para la lucha de hoy. Nos enseña que tanto la democracia burguesa como el fascismo son formas de gestionar un sistema podrido y explotador. Ambos tienen el mismo carácter de clase: sostienen los beneficios del gran capital y son contrarios a los intereses de la clase obrera. Nos enseña que la esencia de la lucha antifascista es la lucha anticapitalista, porque solo la clase obrera puede luchar de manera consecuente contra el fascismo combatiendo el sistema que lo engendra y lo sostiene: el capitalismo. Las fuerzas fascistas y de extrema derecha fueron, y siguen siendo hoy —como confirman los acontecimientos recientes—, una valiosa fuerza de reserva para la gestión burguesa de la barbarie capitalista y un arma necesaria para toda burguesía con el fin de intensificar la represión contra el movimiento obrero de clase y promover la teoría ahistórica de los «dos extremos» y el anticomunismo.
La historia y la contribución de las Brigadas Internacionales nos enseñan que los trabajadores de distintos países, a pesar de hablar idiomas diferentes, expresan su solidaridad internacionalista incluso con las armas en la mano -luchando junto a otros pueblos-, defienden los mismos intereses de clase y constituyen una única fuerza.
El examen de la experiencia de España y de otros países revela que el factor decisivo en la lucha de los comunistas como vanguardia de la lucha de clases es el desarrollo de una estrategia revolucionaria. Esta se contrapone al papel corrosivo del oportunismo y la socialdemocracia. La estrategia no debe tratar de restaurar las funciones del sistema capitalista, sino dirigirse contra él para derrocarlo. Esto permitirá a la clase obrera tomar el poder y establecer el socialismo.
El 28 de octubre de 1938 se despiden de España las Brigadas Internacionales con un emotivo acto en Barcelona. Las palabras de despedida de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, la histórica dirigente comunista española, todavía resuenan en nuestros oídos:
«Cuando el olivo de la paz florezca, volved a nuestro lado que aquí encontraréis patria los que no tenéis patria, amigos los que tenéis que vivir privados de la amistad y todos, todos, el cariño y el agradecimiento de todo el pueblo español (…)»
¡Vivan las Brigadas Internacionales! ¡Viva el internacionalismo proletario!