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Camaradas:

En las últimas semanas hemos sido testigos de graves acontecimientos en el plano internacional. Mientras Israel sigue su incesante política de genocidio contra el pueblo palestino, ahora bajo el manto del mal llamado “acuerdo de paz”, a lo largo y ancho del planeta se recrudecen los conflictos interimperialistas.

Los Estados Unidos han secuestrado al presidente de Venezuela, y su esposa, para trasladarlos a territorio norteamericano y juzgarlos bajo sus leyes. A pesar de que el Gobierno de Washington usó inicialmente el pretexto de la lucha contra el narcotráfico para tratar de justificar el secuestro, Trump tardó muy poco en reconocer abiertamente que su propósito era el control directo del petróleo venezolano. Esto, entre otras declaraciones, supone una quiebra con la dinámica con la que los países imperialistas vinculados a la OTAN justificaban sus aventuras militares hasta ahora. Esto también deslegitima el sistema de relaciones internacionales construido en la segunda mitad del siglo XX y las instituciones ligadas a él.

Otras circunstancias nos obligan a analizar también una modulación de las alianzas imperialistas que se caracterizan en el momento actual por su constante cambio y volatilidad. Por ejemplo, la retórica anexionista de Estados Unidos en relación a Groenlandia y el choque directo que le supone con la Unión Europea deben hacernos seguir y evaluar muy de cerca la relación entre ambos socios imperialistas. Pero también dentro de la Unión Europea ha habido respuestas diferentes a la política de los Estados Unidos hacia Groenlandia, así como en relación con otros sucesos. Esto evidencia que los países imperialistas de la Unión Europea tienen intereses comerciales diversos y están muy lejos de la tan pregonada cohesión del bloque europeo.

Estamos en un contexto de agudización de las contradicciones interimperialistas, espoleada por la escasez de algunos recursos naturales, por la disputa de los mercados ya repartidos y, fundamentalmente, por las limitaciones de la economía capitalista en la que los monopolios ven tendencialmente reducida de manera constante su tasa de ganancia. En este contexto, se suceden los choques entre potencias imperialistas, se multiplican las guerras regionales y nos acercamos peligrosamente a la posibilidad del estallido de una guerra generalizada.

En los numerosos focos de conflicto regionales abiertos, las diversas potencias imperialistas utilizan el descontento de las masas por sus condiciones de vida, así como su diversidad lingüística, cultural, étnica o religiosa, para instrumentalizar los movimientos de masas, carentes de dirección política clasista, y utilizarlos como arietes. Podríamos hablar del caso de Irán, donde detrás de las legítimas reivindicaciones económicas de la clase obrera y los sectores populares relacionadas con sus condiciones de vida, encontramos el interés histórico de EEUU e Israel en desestabilizar un rival regional.

En un mundo en el que no existe el bloque socialista, toda interferencia extranjera en un país se produce siempre en términos de promoción del cambio o mantenimiento de la fracción burguesa en el poder, incluyendo con ello la conservación o modificación de la forma concreta en que se ejerce la dictadura burguesa.

En este escenario las diversas potencias imperialistas combinan la diplomacia, la guerra económica, las acciones de inteligencia y la agresión militar directa para asegurar los beneficios de sus monopolios. Es importante advertir que, en un análisis superficial, podría parecer que solo los países más fuertes de la pirámide imperialista (como Estados Unidos) son capaces intervenir contra otras naciones o reprimir al movimiento obrero y popular.

En estas condiciones el oportunismo de derechas y de izquierdas trata de generar confusión entre la clase obrera, haciendo pasar por aliados del proletariado a determinados Gobiernos burgueses. Y así, se blanquea el papel antiobrero y antipopular de Gobiernos burgueses como el venezolano o el iraní, a los que se convierte en aliados apoyando acríticamente a organizaciones pequeño-burguesas y reaccionarias, prescindiendo del análisis de clase.

Es fundamental que los Partidos Comunistas y Obreros libren una batalla frontal contra estas posiciones. Se trata de una confrontación política-ideológica de enorme envergadura, con peligrosas consecuencias. Ignorar el carácter de clase de los Estados capitalistas, valorándolos por su posición de fuerza relativa en la cadena imperialista, por su política represiva en el ámbito interno o por los símbolos en los que se envuelven para justificar sus acciones es un grave peligro para la clase obrera, que puede verse atrapada bajo la bandera de una u otra burguesía en las guerras que están por venir.

La clase obrera y los sectores populares, con los Partidos Comunistas y Obreros al frente, deben denunciar toda agresión imperialista sin que ello suponga ni tomar bando en la disputa interimperialista, ni la absolución de los Gobiernos burgueses. Debemos romper falsos dilemas y señalar el carácter reaccionario de toda agresión imperialista, y a las burguesías nacionales que gobiernan los países agredidos.

Debemos organizar amplios movimientos de masas en nuestros países para denunciar la guerra imperialista y, en particular, la implicación de nuestros países en las agresiones imperialistas. En el caso concreto de España y de los países de la Unión Europea, exigir la inmediata retirada de la Unión Europea y de la OTAN, la salida de las tropas norteamericanas de nuestros territorios. Debemos estimular el internacionalismo proletario. En cada agresión imperialista, levantar la bandera de la solidaridad con la clase obrera y los sectores populares agredidos, rechazar cada agresión vinculándolo con el impacto que tiene sobre las condiciones de vida del pueblo en el país agredido.

Hay que decir claramente a la clase obrera y a los sectores populares, a nuestros compañeros y compañeras en los centros de trabajo y en los barrios, lo que es el imperialismo: un sistema mundial. La aparición de nuevos competidores imperialistas no cambia la naturaleza del sistema mundial ni tampoco lo vuelve más equilibrado ni pacífico sino todo lo contrario: prepara las condiciones para disputas más duras.

Durante años, los países imperialistas vinculados a la OTAN han usado todas las

herramientas que les eran beneficiosas en su lucha contra el socialismo: la ONU, la

OMC, la OTAN, un determinado sistema de relaciones internacionales, incluida la retórica de los Derechos Humanos y la existencia de múltiples ONG y organismos vinculados a la ONU para influir sobre lo que entonces eran países coloniales en los que la URSS estaba ganando influencia.

El hecho de que ahora los mismos países, y muy señaladamente Estados Unidos, estén renunciando a la retórica construida, a la legalidad de los tratados, a la funcionalidad de la ONU y quizá hasta de la OTAN, a la financiación de los organismos auxiliares de la ONU o al sistema de libre comercio asociado a la OMC no debe verse como un cambio de naturaleza de estos países, sino como un cambio de táctica. Responde a la misma lógica que está impulsando, por ejemplo, a China a apoyar decididamente a la OMC o a China y Rusia a construir sistemas de intercambio ajenos al dólar. Su única lógica es: ¿qué maximiza en este momento los beneficios de nuestros monopolios?

Camaradas: intervenir sobre la confusión que introduce el oportunismo sobre la cuestión del imperialismo es una tarea prioritaria para todos los Partidos Comunistas y Obreros. Una concepción clara sobre lo que es el imperialismo, de confrontación contra la teoría de la multipolaridad, por el internacionalismo proletario, oponiendo la propuesta del poder obrero, es una línea roja que separa actualmente las posiciones bolcheviques de las que no lo son.

Muchas gracias.