El Partido Comunista de los Trabajadores de España quiere reafirmar el carácter de clase y el carácter internacionalista del Primero de Mayo, del Día Internacional de la Clase Obrera. Llamamos a la participación masiva en las movilizaciones, a recuperar el carácter de esta fecha histórica como reafirmación o empuje para la organización política y sindical. Los tiempos lo demandan con enorme urgencia.
Este Primero de Mayo se celebra bajo la sombra de la guerra y la militarización de la economía. Mientras en Palestina continúa el genocidio, EE. UU. e Israel han puesto en marcha una ofensiva criminal en Oriente Medio, que se encuentra hoy en una situación de inestabilidad extrema, con riesgos evidentes de escalada que pueden tener consecuencias a nivel mundial.
La aparente oposición del Gobierno español no es tal. El Estado español sigue formando parte del bloque imperialista atlántico, de la OTAN y de la UE. Mientras esto sea así, lejos de oposición lo que hay es connivencia. Las contradicciones y los distintos enfoques tácticos entre alianzas y potencias no cambian que todas ellas se están preparando para un escenario que ya está aquí: un escenario de intensificación de las contradicciones interimperialistas. El Gobierno puede decir «no a la guerra», pero realmente lo que está diciendo es «no a esta guerra», pues participó sin mayor complicación ética o política en la guerra de Ucrania, igual que participó en 2011 en la guerra de Libia. Su «no a esta guerra» no es por principios pacifistas, es simple y llanamente por intereses geopolíticos.
Esto debe hacerse extensivo a la posición dominante en la UE. A pesar de un aparente alejamiento del intervencionismo estadounidense, la preocupación de la alianza no está en las vidas de millones de seres humanos, sino en su propia posición en la competencia entre potencias. La UE ha aprobado en los últimos años incrementos del gasto militar y ha impulsado reiteradas declaraciones en favor del rearme y de la autonomía estratégica, consolidando una orientación que profundiza la militarización y la subordinación de la economía a estos objetivos.
Solo la clase obrera está en disposición de desarrollar una política real de oposición a la guerra. Ningún partido ni gobierno al servicio del capitalismo puede hacerlo. Por ello, este Primero de Mayo decimos con claridad que la clase trabajadora no debe pagar, ni con su salario ni con su vida, los conflictos y negocios del capital. Sus guerras no las pagaremos:
- No las pagaremos con nuestros salarios, cada vez más erosionados por una carestía derivada de los intereses capitalistas y los conflictos internacionales.
- No las pagaremos con el deterioro de unos servicios públicos ya mermados.
- No las pagaremos con una militarización económica que subordine el empleo a las necesidades del rearme.
- No las pagaremos con la vida de los trabajadores enviados a combatir por intereses ajenos.
- No las pagaremos con la sangre de los pueblos, con las muertes por los bombardeos, por el hambre, por los éxodos, en definitiva, por la barbarie del imperialismo.
La escalada bélica y los objetivos que en dicho contexto establecen las estructuras e instituciones capitalistas europeas ya están teniendo impacto en nuestras condiciones de vida, en las prioridades del gasto público y en la orientación de sectores enteros de la producción hacia el rearme. Esto se produce, además, sobre una base económica interna caracterizada por la combinación del crecimiento del PIB y el aumento de los beneficios empresariales con una clase trabajadora cada vez más empobrecida.
Sin embargo, la actuación de este Gobierno se ve auxiliada por las principales direcciones sindicales, que han profundizado su papel como garantes de la gobernabilidad y de la estabilidad social, subordinando la acción sindical a las necesidades del Gobierno hasta extremos flagrantes.
Aunque en el último año ha habido conflictos relevantes que han conseguido avances, como las huelgas de enseñanza en distintas comunidades autónomas, las luchas del metal del verano pasado en Cádiz o las movilizaciones en el sector Prodelivery; muchos de ellos se dan de manera aislada y sin una perspectiva política y sindical que permita generalizarlos y darles continuidad. En no pocas ocasiones, además, las propias cúpulas sindicales han actuado directamente como freno de la movilización, subordinándola a lógicas ajenas a los intereses reales de las plantillas y a su propio nivel de organización y lucha. Lo hemos visto en conflictos recientes, como la huelga de enseñanza en Cataluña, el sector ferroviario o el conflicto del Estatuto Marco en sanidad.
Allí donde debería desarrollarse organización, conflicto y capacidad de presión, se impone la paz social. Allí donde debería construirse independencia de clase, se llama a la conciliación. Y allí donde debería afirmarse una posición y una acción internacionalistas, empiezan a abrirse paso posiciones que justifican la producción militar o la reconversión armamentística en nombre del empleo.
Frente a esta realidad, los y las comunistas llamamos a recuperar una orientación de clase en el movimiento sindical: una orientación con base en la organización en los centros de trabajo, en el protagonismo de las plantillas, en la asamblea, en la huelga como instrumento de lucha y en la independencia respecto de todas las variantes de gestión capitalista. La clase trabajadora necesita sindicatos fuertes, pero necesita sobre todo una práctica sindical que no esté completamente maniatada, domesticada y al servicio de la gobernabilidad socialdemócrata.
Este contexto descrito es especialmente fértil para el auge de la reacción. Por ello es tan importante subrayar que, a pesar de su discurso populista, la reacción representa el programa de recrudecimiento de las distintas violencias del capital contra la clase obrera. Su objetivo no es otro que revertir conquistas arrancadas mediante la lucha y disciplinar a distintos sectores de la clase trabajadora para desarrollar el programa de máximos de la burguesía.
Esta política se expresa hoy en dos planos principales: por un lado, en la intensificación de la explotación y en el ataque a las formas de organización de la clase trabajadora; por otro, en la promoción de discursos racistas, xenófobos y machistas que buscan dividirla y dificultar su frente de lucha común.
La población migrante es utilizada como chivo expiatorio, a la que se responsabiliza de problemas sociales cuya raíz está en el propio sistema, tratando de reforzar con ello una idea chovinista y exclusivista de la nación. La misma ofensiva reaccionaria se expresa en los ataques dirigidos contra las mujeres trabajadoras: el negacionismo de la violencia machista, la banalización de la desigualdad y la ofensiva ideológica contra cualquier conquista en materia de protección o derechos pretenden disciplinar y reforzar las estructuras de opresión sobre las mujeres.
El mejor cortafuegos contra el auge reaccionario, y la mayor amenaza para las políticas de guerra, austeridad y explotación, es la unidad organizada de la clase obrera y la recuperación de su independencia política.
Nada de lo que enfrentamos se resolverá confiando en una mejor gestión del capitalismo. Nada cambiará sustancialmente mientras se mantenga intacto el poder de los monopolios, la subordinación de la producción a la ganancia privada y la inserción del Estado en las alianzas imperialistas. La experiencia reciente demuestra que la socialdemocracia no solo no pretende representar una alternativa al capitalismo, sino que tampoco es capaz de confrontar las dinámicas que deterioran nuestras condiciones de vida o los intereses que nos abocan a la guerra. Como resultado del fracaso de su política, pagamos un precio muy alto: por un lado, el descontento social generado alimenta a la reacción; por otro, la desmovilización impuesta en nombre de la paz social termina volviéndose contra la propia clase trabajadora.
Por eso, este Primero de Mayo, la clase trabajadora debe reforzar su organización política y sindical, dar un paso decisivo en la rearticulación de una oposición obrera que tenga su núcleo en los centros de trabajo. Preparémonos para ser capaces de desarrollar una acción internacionalista y clasista que impida la puesta en marcha de los planes de guerra. Hagamos una realidad práctica la consigna: sus guerras no las pagamos. Es el tiempo de la acción, es el tiempo de la clase obrera.
Hombro con hombro. Clase contra clase.
¡Viva el Primero de Mayo!
¡Proletarios de todos los países, uníos!