Bajo el relato de la “transformación digital”, las consultoras Capgemini e Inetum han desatado un nuevo episodio de lucha de clases en el corazón de las cuencas mineras asturianas.
Los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) presentados por ambas multinacionales, que afectan a más de 1.100 trabajadores en el conjunto del Estado —con un impacto directo en las sedes de Langreo, Blimea y Oviedo—, desenmascaran la verdadera función de la Inteligencia Artificial en el ciclo actual del capitalismo: servir de coartada para la disciplina laboral y la maximización de la extracción de plusvalía .
Lejos de encontrarse en una situación de crisis o pérdidas que pudieran justificar objetivamente un despido colectivo, Capgemini cerró el ejercicio 2025 con una cifra de negocio de 22.465 millones de euros y un margen operativo estable del 13,3 %, cumpliendo sobradamente los objetivos fijados para sus accionistas . Al mismo tiempo que anuncia un plan de reestructuración global dotado con 700 millones de euros destinado a “adaptar las competencias”, es decir, reducir costes salariales .
La misma lógica se replica en Inetum. Con más de 250 trabajadores en sus sedes de Oviedo y Blimea —antigua Informática El Corte Inglés, integrada en el grupo francés GFI en 2019—, la multinacional ha planteado un ERE para hasta el 5% de su plantilla en España, cerca de 500 personas. La justificación oficial vuelve a ser la “estrategia de transformación” y la supuesta presión competitiva del mercado. Sin embargo, los propios sindicatos denuncian lo contradictorio del argumento: se trata de una “medida traumática” en una compañía “en crecimiento” y dentro de un sector en plena expansión, señalada directamente la división española como “la locomotora del grupo” . No hay crisis, hay reparto desigual de la riqueza generada. El expediente, el primero en la historia de la compañía, se ceba con perfiles técnicos —los mismos que producen el valor del que luego se apropia el accionista— mientras la dirección asegura, con cinismo, que actuará bajo los principios de “máxima responsabilidad social y transparencia”. La puesta en escena de esa «transparencia» lo dice todo: la comunicación a la plantilla se despachó de forma exprés, en una convocatoria por Teams anunciada apenas diez minutos antes, sin margen para la digestión colectiva, sin respeto y al otro lado de la pantalla, el CEO, leyendo un guion.
Sin embargo, como han denunciado las secciones sindicales, la tasa de trabajadores sin proyecto asignado es actualmente del 6,4 %, la mitad que en 2020, cuando la empresa no recurrió a despidos masivos. La IA no es aquí la causa material del despido, sino la superestructura ideológica que oculta la voracidad de una empresa que, pese a obtener 1.601 millones de euros de beneficio neto, decide desprenderse del eslabón más débil de su cadena productiva .
Crear un ejército de reserva a golpe de ERE es la fórmula clásica del capital para doblegar a la plantilla: se condena a cientos al paro para que el miedo paralice a los que se quedan y los salarios se desplomen.
La falacia del “futuro para las zonas despobladas” se desmorona al observar el comportamiento de estas corporaciones en territorios como Asturias. Si en su día Capgemini e Inetum fueron recibidas con alfombra roja institucional y contratos públicos como supuestos motores de la reconversión industrial, hoy actúan con la lógica extractivista clásica del gran capital. Se inflan a costa de contratos públicos hasta la hipertrofia y cuando la tasa de ganancia lo exige, externalizan y deslocalizan sin miramientos.
Europa externaliza servicios hacia España buscando menores costes laborales, y España, a su vez, reproduce el esquema desplazando producción hacia Colombia en busca de una mano de obra aún más barata y desregulada.
De este modo, las promesas de fijar población y crear tejido productivo de alto valor añadido en las alas del Valle del Nalón se revelan como pura cosmética ideológica. El comportamiento de Capgemini e Inetum no difiere en esencia del de una empresa industrial clásica: cierran filiales, ajustan plantilla y migran en busca de menores costes salariales tan pronto como las necesidades del capital accionarial lo determinan. Que los despidos se produzcan mientras la compañía presume de sus avances en IA no es una casualidad, sino la confirmación de que el desarrollo de las fuerzas productivas bajo relaciones de producción capitalistas se traduce inevitablemente en miseria y desposesión para los trabajadores .
Frente a la máquina de guerra del capital, que utiliza la vanguardia tecnológica para profundizar la alienación y la desigualdad regional, la respuesta no puede ser la negociación de las condiciones de salida. La respuesta debe ser la organización consciente de los trabajadores asturianos para exigir la reapropiación social de unos medios de producción que, como demuestra la historia, solo generan progreso real cuando están al servicio de la mayoría social.
Que los despidos se anuncien al mismo tiempo en Capgemini e Inetum no es una coincidencia: es una ofensiva coordinada del capital contra la clase trabajadora. Y como ofensiva patronal que es, solo puede ser respondida con una ofensiva obrera. La unidad en la lucha, la coordinación entre centros de trabajo y la solidaridad activa del conjunto del pueblo asturiano son hoy las únicas herramientas capaces de plantar cara a quienes pretenden convertir el futuro digital en un páramo de precariedad. Porque ni la IA es el enemigo, ni la tecnología la amenaza: el enemigo tiene nombres, apellidos y un despacho en la sede central.