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Estimados y estimadas camaradas:

En primer lugar, en nombre del PCTE quiero agradecer la asistencia de todos los Partidos presentes y quiero, también, dedicar un momento para recordar a nuestro camarada Tibor Zenker, presidente del Partido del Trabajo de Austria, a quien sin duda echaremos de menos en las actividades de la Acción Comunista Europea. Lamentamos enormemente su fallecimiento y trasladamos nuestras condolencias más sinceras a los camaradas de Austria.

Me gustaría comenzar esta teleconferencia y nuestra intervención señalando que, para el Partido Comunista de los Trabajadores de España, el tema que abordamos hoy tiene un carácter estratégico de primer orden. Consideramos que el intercambio de experiencias entre nuestros Partidos es una herramienta fundamental para el desarrollo de nuestra práctica política. La experiencia acumulada del movimiento comunista internacional es una condición necesaria para corregir errores, elevar nuestro nivel de intervención y avanzar en el desarrollo de las posiciones revolucionarias en nuestros respectivos países. Por eso, la intervención de nuestro Partido hoy va dirigida a exponer a nuestros camaradas las dificultades con que nos encontramos en el desarrollo partidario en los centros de trabajo.

En el caso de España, como en otros países europeos, la influencia del eurocomunismo marcó una etapa histórica cuyas consecuencias siguen presentes. El eurocomunismo supuso, entre otros aspectos, una progresiva desvinculación del Partido respecto a los espacios fundamentales de la vida de la clase obrera. En particular, la renuncia a construir y sostener organización propia en los centros de trabajo y en los barrios obreros significó, en la práctica, la desaparición de la presencia comunista en los lugares donde se expresan de forma directa las contradicciones del capitalismo. Nuestra reflexión al respecto es clara y compartida con el resto de Partidos de la ACE: cuando el Partido deja de estar presente donde está la clase, deja de actuar como vanguardia organizada de la clase y se transforma en una estructura con un carácter predominantemente institucional, separada de la lucha cotidiana.

Nosotros partimos de que la centralidad de los centros de trabajo es incuestionable. En el proceso productivo se materializa la relación de explotación entre capital y trabajo, y es ahí donde la clase obrera puede desarrollar su conciencia a través de la experiencia colectiva de la lucha. Por tanto, la reconstrucción de organización comunista en fábricas, centros logísticos, oficinas y demás espacios productivos no es para nosotros una cuestión táctica, sino el núcleo de una estrategia revolucionaria coherente. La existencia de células y estructuras partidarias en estos ámbitos permite no solo intervenir en la defensa de las condiciones inmediatas de la clase, sino también elevar esos conflictos hacia una comprensión política más amplia, orientada a la superación del sistema capitalista.

De igual manera, los barrios obreros constituyen espacios decisivos para la organización de la clase trabajadora. En ellos se desarrollan relaciones de solidaridad, formas de vida colectiva y también las consecuencias directas de la explotación: problemas de vivienda, acceso a servicios, precariedad vital. La pérdida de presencia comunista organizada en estos espacios ha facilitado el avance de dinámicas individualistas, clientelares o incluso reaccionarias. Por ello, la reconstrucción de organización en los barrios obreros no puede entenderse como una tarea separada del trabajo en los centros de trabajo, sino como una dimensión complementaria y necesaria de la misma estrategia.

Precisamente a partir de este análisis y comprensión, nuestro Partido ha formulado la orientación que denominamos “giro obrero”. Con este término nos referimos a una reorientación consciente y sistemática de nuestras fuerzas hacia la intervención prioritaria en el ámbito productivo, acompañada de la reconstrucción de la organización en los espacios de residencia de la clase trabajadora, que supere las dinámicas nocivas del eurocomunismo.

El giro obrero es una línea de trabajo que busca restablecer la conexión orgánica entre el Partido y la clase. En este sentido, no hablamos de intervenir en “la sociedad en general”, sino de concentrar esfuerzos en aquellos sectores y territorios donde la clase obrera tiene un peso determinante y donde la relación entre centro de trabajo y barrio es más directa.

El giro obrero, además, quiere superar otra tendencia que durante muchos años ha estado presente en España y, también, en nuestro Partido. Me refiero a la consideración del trabajo partidario como una presencia pasiva en los conflictos obreros. Nuestra convicción es que no basta con “estar” en las luchas de la clase, sino que es necesario construir organización propia capaz de dotar a esos conflictos de continuidad, dirección y perspectiva política. Solo mediante estructuras comunistas estables es posible desarrollar la conciencia de clase, articular las distintas luchas parciales y vincular las reivindicaciones inmediatas con un horizonte socialista-comunista.

Ahora bien, el desarrollo de esta orientación no está exento de dificultades. Nuestro Partido se enfrenta a condiciones objetivas y subjetivas que condicionan su aplicación práctica. En primer lugar, debemos tener en cuenta la configuración actual de la producción capitalista en España. La estructura productiva se caracteriza por altos niveles de precariedad, rotación laboral, subcontratación y fragmentación de las plantillas. A esto se suman fenómenos como el teletrabajo o la dispersión geográfica de los centros productivos. Estas condiciones dificultan enormemente la creación de núcleos estables de militancia en los centros de trabajo y exigen formas de intervención más complejas y sostenidas en el tiempo. Allí donde contamos con grandes centros de trabajo, nos enfrentamos a la existencia de fuertes organizaciones sindicales que nos generan problemas distintos.

En segundo lugar, partimos de una debilidad acumulada durante décadas. La reconstrucción de organización comunista en los espacios de vida y trabajo de la clase no es inmediata. Requiere cuadros formados, experiencia práctica y una capacidad organizativa que debe desarrollarse progresivamente. Nos enfrentamos, por tanto, a la necesidad de recuperar un terreno perdido durante varias décadas, lo que implica un esfuerzo sostenido y planificado.

Otro ámbito de especial complejidad es la relación con el movimiento sindical. En España, la intervención en los centros de trabajo está fuertemente mediada por grandes organizaciones sindicales, que cuentan con estructuras consolidadas y dinámicas propias. Para nuestro Partido, la cuestión no es si intervenir o no en el ámbito sindical, sino cómo hacerlo. Es necesario encontrar un equilibrio que permita participar en las luchas concretas sin diluir el perfil político propio, evitando tanto el aislamiento como la subordinación a lógicas ajenas a la estrategia revolucionaria.

A estas dificultades se añade un problema de carácter político e ideológico. Formular la centralidad de la clase obrera es relativamente sencillo. Lo verdaderamente complejo es sostener esa orientación en la práctica cotidiana. Las presiones del contexto político, ya sean de carácter institucional, mediático o vinculadas a otras dinámicas sociales, pueden empujar a la dispersión de esfuerzos o a la confusión de prioridades. Mantener una línea coherente de intervención en los centros de trabajo y en los barrios obreros exige, por tanto, un alto nivel de disciplina organizativa y claridad estratégica.

Ante esta situación, nuestro Partido considera que las tareas inmediatas deben orientarse, en primer lugar, a la concentración de fuerzas. Frente a la dispersión, es necesario priorizar determinados sectores de la producción donde existan condiciones más favorables para la implantación: ya sea por el tamaño de las plantillas, su grado de estabilidad o el nivel de conflictividad existente. Esta concentración permite acumular experiencia, consolidar núcleos de militancia y generar ejemplos prácticos de intervención eficaz.

Tomando en consideración estos elementos, nuestro III Congreso aprobó que os subsectores en los que el PCTE centrará sus esfuerzos organizativos durante estos años son los siguientes: industria del automóvil, industria química, industria alimentaria y cadenas de distribución, transporte ferroviario y aéreo, grandes plataformas logísticas, sanidad, educación y servicios sociales, TIC y defensa.

En paralelo, resulta imprescindible reforzar la formación de cuadros. La voluntad política, siendo necesaria, no es suficiente. Nuestros militantes deben estar preparados para intervenir en las luchas obreras con conocimiento de las condiciones concretas y de las dinámicas sindicales. Deben ser capaces de distinguir entre las tareas propias del Partido y las que corresponden al ámbito sindical, así como de evaluar en cada momento cómo la intervención sindical puede contribuir al desarrollo partidario, algo que no está exento de dificultades.

Ligado a lo anterior, es fundamental contar con una táctica clara hacia el movimiento sindical. Esto implica establecer criterios sobre la participación en estructuras existentes, sobre las formas de intervención dentro de ellas y sobre los límites de esa participación. Sin una orientación definida, cada conflicto corre el riesgo de abordarse de manera improvisada, lo que dificulta la acumulación de experiencia y la construcción de una línea de trabajo coherente. Nuestro Partido cuenta, desde 2020, con los materiales aprobados en la III Conferencia de Movimiento Obrero y Sindical, que orientan nuestro trabajo en este sentido y que crearon dos mecanismos de organización y desarrollo del trabajo interno: las comisiones de sector, para planificar la presencia organizada partidaria en los sectores prioritarios y las fracciones rojas, para organizar el trabajo comunista dentro de las diferentes organizaciones sindicales.

Finalmente, es imprescindible reforzar la conexión entre el trabajo en los centros de trabajo y la intervención en los barrios obreros. La organización comunista en los lugares de trabajo necesita apoyarse en redes de socialización, solidaridad y vida colectiva que se desarrollan en los espacios de residencia de la clase obrera. Esto se traduce en tareas concretas: presencia territorial organizada, trabajo en torno a las condiciones de vida, articulación de redes de apoyo y vinculación de estas luchas con las que se desarrollan en el ámbito productivo.

En conclusión, dadas las condiciones de partida, el “giro obrero” es una necesidad estratégica cuyo desarrollo exige tiempo, esfuerzo y una orientación clara, pero constituye una condición indispensable para que el Partido recupere su carácter de vanguardia organizada de la clase obrera y pueda contribuir de manera efectiva a la lucha por el socialismo-comunismo.