CJC

La juventud obrera ante la crisis del COVID-19

By 19 abril 2020 No Comments

Resolución de la Comisión Política de los CJC

Carácter de la crisis y de las medidas del Gobierno

Un mes después de la declaración del estado de alarma contamos con los primeros datos para analizar cómo esta crisis está afectando, y puede afectar a corto y medio plazo, a la juventud obrera. Las cifras globales sobre la afectación del paro, los despidos y los ERTEs en el conjunto de la clase son escalofriantes:

  • El paro registra un aumento de más de 300.000 personas que se dan de alta en la demanda de empleo. Supone un 9% de aumento de la tasa de paro[1], un dato histórico.
  • La caída de afiliación a la seguridad social en marzo amplía la gravedad de la situación: 900.000 trabajadores han perdido sus puestos de trabajo.
  • Al menos 620.000 trabajadores están afectados por más de 250.000 ERTEs[2].

Frente a estas cifras, el Gobierno, los principales medios y la Patronal insisten fundamentalmente en dos ideas. La primera: que esta crisis es fruto exclusivo de la pandemia causada por el COVID-19, es decir, provocada por algo “externo”, exógeno, incontrolable, y por tanto excusable y no estructural. Ni es una crisis pasajera que encontrará una rápida “recuperación” económica, ni está causada exclusivamente por la emergencia sanitaria. Los indicadores económicos ya advertían de la llegada de una crisis de sobreproducción capitalista, de la que el virus no ha sido sino un catalizador que acelera y amplifica su estallido. La insistencia en esta idea permite exonerar a las propias dinámicas endémicas del sistema capitalista que de nuevo en todo el mundo, ante otra crisis cíclica, aumentará la explotación y el recorte de los servicios públicos, es decir, empobrecerá aún más directa e indirectamente a la clase obrera. Tras el estado de alarma vendrán EREs, nuevos ERTEs, no se renovarán contratos, aumentará la temporalidad, etc.

La segunda idea es que las medidas aprobadas sirven para salir de la crisis “entre todos”. Se apela al sacrificio y a una unidad nacional por encima de las clases sociales para buscar la resignación y aprobación de la mayoría social ante la batería de medidas antiobreras y antipopulares que están por venir. La realidad es que de nuevo se ha seguido el viejo esquema de la socialización de las pérdidas frente a años de privatización de los beneficios: es la clase obrera la que trabaja exponiéndose y la que carga con los costes de la crisis con su salario, sus condiciones laborales o su salario indirecto de las arcas públicas.

La juventud obrera en la crisis: más vulnerabilidad

El paro juvenil registra un aumento sensiblemente superior al de los trabajadores mayores de 25 años (10% frente a 9,2%), pero hay que completar este dato con el de contratos extinguidos: aunque los menores de 35 años suponen apenas el 25% del total de trabajadores, en marzo fueron el 53% de los trabajadores despedidos. Es decir, los jóvenes sufrimos uno de cada dos despidos en el mes de marzo.

Esta es una realidad estrechamente ligada a la mayor tasa de temporalidad que sufrimos: la caída de afiliación a la Seguridad Social en los temporales es de un 17’3%, mientras que en los contratos indefinidos es de un 1’9%. Era y es la juventud obrera la que vive en una continuidad de contratos temporales[3], y por eso mismo somos la mano de obra más barata y fácil de desechar a la vez que somos quienes mayores dificultades encontramos, por la propia naturaleza de los contratos temporales, para la organización y lucha político-sindical.

Los sectores que más bajas en afiliación a la Seguridad Social han registrado desde el 12 de marzo son la construcción (-17%), la hostelería (-14%) y las actividades administrativas y servicios auxiliares (-9%), siendo estos dos últimos sectores con significativa presencia de jóvenes. Precisamente algunos de estos y otros sectores juveniles (comercio, actividades de ocio y recreativas) cuentan con muy poca organización y tradición sindical[4].

La precariedad juvenil y la baja organización en los centros de trabajo

Como ya se ha señalado, la mayor afectación se produce sobre la base de años de extensión y cronificación de la precariedad en el empleo joven. La última crisis capitalista y las medidas tomadas por los Gobiernos tanto del PSOE como del PP para garantizar que se cargaba dicha crisis en los hombros de los trabajadores y trabajadoras aceleraron el proceso de división internacional del trabajo y redujeron considerablemente los derechos laborales, sindicales, económicos y sociales. La reforma laboral de 2010 y la reforma laboral de 2012 implican un ataque contra el conjunto de la clase y afectan muy especialmente a una juventud que comienza su experiencia asalariada en este escenario de recorte de derechos, con menores garantías y mecanismos de protección, en sectores nuevos y con niveles bajísimos de afiliación sindical y organización política.

La baja afiliación sindical y organización juvenil dentro de los centros de trabajo tiene por tanto una estrecha relación de causalidad con la especial afectación que está teniendo la crisis capitalista actual sobre los jóvenes. Nada más iniciarse la crisis, muchos jóvenes se han quedado en la calle a coste cero para las empresas: simplemente, no les han renovado. La temporalidad ya venía representando una lacra en muchos sentidos, y en contextos de crisis sirve de herramienta perfecta a la patronal para eliminar fuerza de trabajo a conveniencia. La temporalidad dificulta también, cuando no impide directamente, mecanismos como la representación legal en las empresas.

A este escenario político se suma la dimensión subjetiva que la precariedad tiene en la clase obrera juvenil: el miedo ante la ausencia de estabilidad y fragilidad del empleo, ante las dificultades de emancipación, ante la pérdida del trabajo en condiciones como las actuales, o incluso el miedo actual al virus y el contagio. La suma del escenario político descrito y esta dimensión subjetiva de la precariedad ha permitido contextos de absoluta “libertad” patronal para dar bajas en la Seguridad Social realizando despidos sin preaviso, firmar bajas voluntarias, aplicar despidos que serían nulos o improcedentes, no ofrecer EPIs, forzar a trabajar en cualquier condición, etc. El capitalismo es un sistema que se alimenta del miedo para mantener a la fuerza de trabajo movilizada según sus intereses.

Tres pasos adelante en la “uberización” de las relaciones laborales. El ejemplo del sector prodelivery, del teletrabajo y de la “economía digital”

En el inicio de la crisis las grandes plataformas de reparto a domicilio anunciaron, en un comunicado[5] del 17 de marzo que vestían de falso compromiso social, que seguirían adelante con el reparto. Tanto la patronal de economía digital de la que forman parte como algunas de las principales patronales de hostelería y restauración ya habían presionado en este sentido[6] en las Comunidades Autónomas que habían comenzado a paralizar algunas actividades económicas. Se han presentado como la salvación y servicio esencial para que el sector hostelero no pierda beneficios en picado durante la crisis.

En efecto, la economía digital está ofreciendo a las patronales nuevas herramientas para “mejorar” la explotación de la mano de obra, en su senda constante del aumento de beneficio. El sector prodelivery es un ejemplo representativo. Los trabajadores ya tenían obligación de utilizar sus propios equipos de trabajo, no proporcionados por la empresa (lo que en estos días se traduce además en una completa ausencia de EPIs), y asegurar una amplísima disponibilidad para poder optar a remuneraciones medianamente consistentes. En la coyuntura actual, se les obliga a seguir trabajando. Para los miles de jóvenes que se ven afectados por esa decisión, a la explotación rutinaria se le ha sumado el riesgo constante ante la pandemia como única opción,  pues la gran mayoría no son asalariados, sino que dependen de realizar pedidos para cobrar y no están protegidos por los sistemas de protección laboral (la mayor prebenda de esta patronal ha sido aprobar una “ayuda financiera” sin concretar para los riders que sean infectados y diagnosticados de coronavirus).

Las plataformas de reparto representan no tanto un nuevo modelo de economía, pues no rompen en absoluto con la lógica de la extracción de plusvalía al trabajo que aporta la mano de obra que caracteriza al capitalismo; pero sí representan un nuevo modelo de relaciones laborales que favorece la precariedad laboral y aumenta las dificultades para la labor político-sindical. Esta individualización de la relación empresa-trabajador ya contaba con significativos avances antes de la crisis en algunos sectores con presencia juvenil relacionados con las TICs. El pacto individual de algunas condiciones y cuantía salarial entre empresa y trabajador intenta desplazar el papel de los órganos colectivos en los centros de trabajo y los sectores, siguiendo una lógica antiquísima revestida de modernidad emprendedora: aislados somos más vulnerables.

Es fundamental comprender que la llamada precariedad juvenil y la modificación de las relaciones entre el propietario (o sus delegados) y los asalariados no son un fenómeno temporal, sino el aviso de un futuro que le espera a gran parte de la clase si no lo evitamos.

Sin nuestra fuerza no se mueve nada. Con nuestra organización cambia todo.

 La actuación del Gobierno en esta crisis es denunciable pero no sorprendente. La socialdemocracia nunca ha llevado por propuesta la ruptura con el sistema económico capitalista ni sus pilares fundamentales. Esa no ruptura, por mucha buena voluntad o intención que se tenga, se convierte en un imperativo a actuar siempre según los márgenes de posibilidad que dictaminan los vaivenes del capital, ofreciendo más o menos migajas según “la situación económica” (en otras palabras, la mayor o menor garantía de beneficios de los grandes empresarios y banqueros) lo permita. Su gestión es la mejor apuntaladora del orden capitalista, pues mantiene la explotación a la vez que favorece la paz social y el consenso con la conformidad de gran parte de la clase obrera y los sectores populares. Observamos esa búsqueda de conformidad cuando se disculpan de algunas de sus medidas por las “presiones” de la patronal y se aduce que la gestión que hubiera hecho un Gobierno “liberal” habría sido más dañina aún para nuestra clase, quedando así los trabajadores atrapados en la lógica eterna y conservadora del “mal menor”.

Por todo lo anterior, llamamos a la juventud obrera a organizarse en los centros de trabajo, a fortalecer el trabajo político-sindical y a no resignarse por mucha excepcionalidad y militarización de las calles que haya, para hacer frente tanto a los ataques inmediatos como a los inminentes tras el estado de alarma:

  • A luchar por la aplicación de protocolos de prevención de riesgos eficaces, por el acceso a los EPIs necesarios, señalando la responsabilidad exclusiva empresarial.
  • A reforzar o crear organización clasista en los sectores donde avanza la individualización de las relaciones laborales; por mucha atomización siempre habrá un nexo más fuerte: la conciencia de clase.
  • A continuar con la lucha por el reconocimiento de relación laboral en empresas como las plataformas de reparto: la desprotección a la que nos expone esta situación se agrava en contexto de crisis.
  • A presionar colectivamente por la paralización de la actividad si estamos trabajando en sectores no esenciales: son nuestra salud y la de nuestros familiares la que quieren que supeditemos a sus beneficios.
  • A trabajar en una ofensiva junto al resto de la clase obrera que sea capaz de revertir las dos últimas reformas laborales, que abaratan el despido y facilitan la temporalidad por distintas vías.

La consigna popularizada de nuevo estos días de “solo el pueblo salva al pueblo” debe permanecer, hacerse consciente y convertirse en lema que vaya al frente de nuestras acciones diarias. Enfrentamos esta nueva crisis con peores condiciones de vida de las que teníamos antes de la crisis de 2008. Esto nos obliga a ser conscientes de que la vía de la reforma se demuestra un callejón sin salida ante la contundencia de las crisis capitalistas: por muchas mejoras parciales o inmediatas, si estas no van acompañadas de organización y poder en los centros de trabajo, en los barrios y en los centros de estudio, son barridas como un castillo de arena ante un tsunami. Debemos confiar en nuestras propias fuerzas, organizar asambleas y estructuras de lucha constante que sean trincheras de resistencia contra el ataque que ya ha comenzado y que se va a intensificar en los próximos meses, y de ofensiva por cada derecho, por cada mejora inmediata y por avanzar hacia la completa superación de este sistema. Que esta vez nos encuentren unidos y organizados.

La situación de riesgo al contagio de miles de trabajadores cada vez que toman el transporte público y desarrollan sus actividades productivas evidencia hasta qué punto en este sistema no somos más que un engranaje, una mercancía más a la que pueden exprimir sin importarles ni nuestra salud ni nuestra vida. Frente a ello se alza otra evidencia: aquella que muestra que es la clase obrera la que lo mueve todo y que por tanto nuestra fuerza puede también cambiarlo todo. Si esa fuerza está organizada no solo puede resistir todos los ataques que están por venir, sino que puede construir un mundo nuevo que ponga el bien común en el centro de todo a través de la gestión directa y colectiva del poder y de la producción: el socialismo-comunismo. Por ello, desde la Juventud Comunista, llamamos a toda la juventud trabajadora a dejar atrás toda indiferencia y toda resignación, a luchar cada derecho, a responder a cada ataque; pero, sobre todo, a romper con sus límites, a no limitarnos a su “mal menor”, a transformarlo y revolucionarlo todo, a tomar partido, a elegir lo necesario.

¡Elige lo necesario!

¡Elige comunista!

¡Únete a la Juventud Comunista!

 

[1] Datos del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social al cierre de marzo de 2020. En adelante, los datos sobre la actividad al cierre de marzo que no citen otra fuente se referirán a esta.

[2] Datos del SEPE a 2 de abril de 2020.

[3] La tasa de temporalidad era del 27%, y en los jóvenes, del 73%. Datos de la EPA al cierre de 2019.

[4]Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo, “Capítulo V. Condiciones de trabajo: Organización del trabajo, remuneración y otros aspectos relacionados con el entorno laboral”, 2010.

[5] Comunicado de prensa de Glovo, Deliveroo, Stuart y Uber Eats en Adigital (organización de empresas de economía digital), 17 de marzo.

[6] Es el caso de Marcas de Restauración y el de Hostelería de España. Comunicado del 13 de marzo en Adigital.