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El PCTE y los CJC en Asturies estuvimos presentes, junto a otras organizaciones, en la “Xornada Antirepresiva” organizada por el grupo de apoyo a las seis de la Suiza. A compartimos manifiesto que se leyó al final de la jornada.

 

Xuntanza antirrepresiva 21 Junio – Cimavilla, Xixón Comunicado de Sofitu

Buenas tardes compañeras.

En nombre de Sofitu queremos transmitiros nuestra emoción, nuestra alegría y nuestra renovada ilusión. Esta xuntanza antirrepresiva está llegando a su fin, y queremos agradeceros a todas vuestra presencia, vuestra implicación, vuestra colaboración y vuestra participación en la misma. Desde Sofitu pensamos que la jornada de hoy es un más que muy buen punto y seguido a la ola de solidaridad, dignidad y lucha que la persecución y el acoso a las seis compañeras de la Suiza generó.

Todas sabemos que las seis compañeras nunca debieron entrar en la cárcel. Nunca debieron de sufrir los años de hostigamiento, la pena de banquillo y la tortura de no poder trazar planes de vida. Y todo ello por hacer de la solidaridad, del apoyo mutuo y de la acción sindical su bandera. Pero esta bandera que ellas enarbolaron es muy peligrosa, ya sabemos para quienes. Un empresario cavernario e histriónico y un togado, muy conocido en esta tierra, por perseguir a todo lo que huela a disidencia y a dignidad obrera y popular, intentaron aniquilar el ejemplo y lanzar un ataque directo al sindicalismo de clase. Pero su objetivo iba más allá. Como reconoció, en una entrevista, uno de los muy famosos y caros abogados del patrón trumpista, el objetivo no era sólo limitar la libertad sindical sino la libertad en general. Toda una declaración de principios, y de guerra.

Sin embargo, la jugada les salió mal. El campo de las fuerzas obreras y populares entendió a la perfección lo que este ataque suponía y el motor de la historia se reactivó. No sólo no consiguieron aislar a las compañeras sino que se generó una reacción que hacía tiempo que no se veía en estas latitudes. La lucha, la solidaridad, el orgullo de clase, volvieron a tomar las calles hasta el punto de que la puesta en libertad de las compañeras fue fruto precisamente de esa respuesta popular.

Y estas no son palabras huecas compañeras. La respuesta fue unánime y arrolladora y nos llevaría muchas hojas el reseñarla en su conjunto. De Pontevedra a Barcelona, de Bilbo a Cádiz, de Alemania a Argentina, la solidaridad con mayúsculas arropó a nuestras compañeras. Unidad de clase, unidad del movimiento obrero, unidad de las fuerzas populares, retornaron a ser una realidad, al igual que el compromiso del mundo de las artes, de la cultura, de la universidad y de los sectores progresistas del derecho.

Esta receta, la receta de la unidad y la lucha, debe ser nuestra hoja de ruta. No podemos bajar la guardia. Y no sólo porque el autoproclamado asesor de Milei haya interpuesto un recurso contra el indulto que puso en la calle a nuestras compañeras. Recurso, por cierto, para el que contrató a otro famoso y caro abogado, sobrino del exdivisionario que sacó los tanques a la calle en Valencia.

Vivimos tiempos oscuros, cada vez más oscuros. El imperio del mal muere matando, lleva a cabo genocidios televisados y aboca al planeta al precipicio. Cada vez es más patente la realidad de la consigna de Rosa. Si no lo paramos, este sistema nos lleva a la barbarie absoluta.

Y aquí en el estado español, los herederos directos del carnicero de Badajoz, siguiendo la marea fascista que vuelve a inundar Europa, pretenden hacer retroceder la rueda de la Historia. Quieren imponernos sus trapos de colores, quieren imponernos su hipócrita moral y decirnos qué debemos ser y cómo y a quién amar y desear, quieren arrebatarnos la sanidad y la educación y quieren quitarnos nuestros derechos y convertirnos en siervas. Estos nostálgicos de las cunetas, que no dudarían en volver a llenar, y que nunca abandonaron las estructuras de poder, quieren seguir en sus obscenas atalayas y para ello pretenden que nos enfrentemos entre nosotras. Siguiendo viejas recetas, buscan que veamos como el enemigo a batir a quienes son como nosotras, a quienes tienen nuestra misma sangre aunque tengan un color de piel distinto o una cultura diferente.

Pero compañeras somos la misma clase. Nuestra sangre es roja y a veces, cuando hierve, negra. Debemos sentir como propios el dolor y el sufrimiento de nuestra gente y solidarizarnos y apoyar las luchas contra el imperialismo, el fascismo, la opresión y la explotación independientemente de las coordenadas geográficas.

 

Nosotras somos más. Muchas más y diversas. Para nosotras la diversidad es sinónimo de riqueza y de humanidad y nunca vamos a renunciar a ella. Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones y, aunque no nos gusten los uniformes, somos herederas orgullosas de los uniformes que llevaban quienes lanzaron la consigna del UHP, de quienes se enfrentaron a los fascistas tras el golpe de estado del 36 o de quienes pararon a la bestia nazi en Berlín.

Así que compañeras, cabeza alta y puño cerrado. De norte a sur y de este a oeste:

¡Compañeres nun táis soles!

 

¡Una mesma clase, una mesma llucha!

¡Puxa la llucha de la clase obrera!