Los trabajadores de la enseñanza pública de Castilla y León estamos llamados a la huelga para defender mejoras salariales, una reducción de las cargas de trabajo, más recursos para los centros y el cumplimiento de compromisos pendientes. Sin embargo, el conflicto va más allá de una negociación concreta.
Cada vez se exige más al profesorado: más burocracia, más tareas administrativas, más atención individualizada, más responsabilidades y más problemas sociales en las aulas. Pero ese aumento del trabajo no va acompañado del tiempo, las plantillas y los recursos necesarios.
La acumulación de problemas no es casual, ni inevitable ni objeto de negligencias técnicas, sino consecuencia directa de una gestión dirigida desde la Consejería de Educación y basada en recortes, privatización, concertación y políticas guiadas bajo la lógica del mercado en un servicio social fundamental como es nuestra educación.
CUANDO EMPEORAN LAS CONDICIONES DEL PROFESORADO, ATACAN NUESTRA ESCUELA PÚBLICA
No se puede separar una cosa de la otra.
- Plantillas insuficientes significan menos atención al alumnado.
- Falta de tiempo para tutorías significa menos seguimiento educativo.
- Ratios elevadas significan más dificultades para enseñar.
- Infraestructuras deterioradas significan peores condiciones de estudio y trabajo.
- Falta de recursos para inclusión educativa significa más problemas para atender adecuadamente las necesidades del alumnado.
- Pérdida de poder adquisitivo se traduce en una mayor precariedad laboral y menor calidad educativa.
Defender las condiciones laborales de quienes trabajan en la enseñanza es defender también una escuela pública capaz de responder a las necesidades de todas las familias trabajadoras.
UNA MISMA CLASE: DOCENTES Y FAMILIAS TRABAJADORAS
La pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento de la vivienda, de la alimentación y de la energía afectan tanto a los trabajadores de la enseñanza como al conjunto de la clase trabajadora.
La misma persona que trabaja en un centro educativo también paga alquiler o hipoteca, compra alimentos y utiliza los servicios públicos. Y las familias que llevan a sus hijos a la escuela necesitan que existan medios suficientes para garantizar una educación pública de calidad, que no se vean obligados a complementar con academias privadas.
Los trabajadores de la enseñanza se encuentran en una posición especialmente importante para defender unas condiciones de vida dignas para el conjunto de los trabajadores, ya que la educación pública es uno de los servicios que el Estado debe garantizar a las familias.
Por eso, la lucha de los docentes no es solo una lucha por sus propias condiciones laborales, sino también por defender los servicios públicos y el bienestar del conjunto de la clase trabajadora, así como el futuro de sus hijos. En Castilla y León, además, esta lucha tiene una dimensión especial. Mantener una red educativa pública en el medio rural exige más recursos, no menos. La escuela pública es una condición para que muchos pueblos sigan teniendo futuro.
ORGANIZARSE PARA AVANZAR
La fuerza de una huelga no se mide únicamente por lo que se consiga en una mesa de negociación.
También se mide por la organización que deja detrás: más participación, más coordinación entre centros, más capacidad colectiva para defender los derechos laborales y los servicios públicos. Que la huelga sea una escuela de organización y conciencia.
Luchemos desde la perspectiva de marcar camino, promoviendo la organización de los trabajadores en sus propios centros educativos y fomentando la movilización entre otros colectivos de trabajadores. Que la huelga sirva para mejorar nuestras condiciones laborales, defender nuestra escuela pública y fortalecer las siguientes luchas de nuestra clase.
Más plantilla para trabajar. Más recursos para enseñar. Más tiempo para educar. Más salario para vivir.
Por una enseñanza pública al servicio de la clase trabajadora.