José Antonio Navarro Haro nació en Suesa, Ribamontán al Mar (Cantabria), en 1941. Su familia, de pequeños campesinos, participó activamente en la defensa de la República durante la guerra nacional revolucionaria y fue represaliada durante el franquismo.
Desde los 15 años, Navarro se vinculó profesionalmente al metal, oficio que marcó su nítida conciencia de clase a lo largo de sus años de participación activa en las luchas sindicales. En plena dictadura franquista, participó en la clandestinidad en acciones agitativas del Partido Comunista y por su participación en huelgas. A lo largo de su vida militante, estuvo presente en las principales luchas obreras, como la huelga general de 1988, en la que fue detenido por su participación en un piquete.
Su conciencia de clase le llevó a la militancia en el Partido Comunista y a la defensa del marxismo-leninismo. Ante la deriva revisionista del PCE, abandonó su militancia y participó, durante los años ochenta, en los procesos de unidad comunista. Los que tuvimos el honor de militar junto a él le recordaremos por su firmeza en la defensa de los principios, por su trabajo militante y por su preocupación constante por la formación y la lectura del marxismo-leninismo.
Navarro fue un puente con la generación de la guerra nacional revolucionaria y la guerrilla, a cuya memoria dedicó parte de su vida militante, dejando como legado antifascista el monolito de Pancho y Aja en Torres y la marcha en honor a Enrique «El Brujo».
Camarada Navarro, te echaremos de menos. Seguiremos manteniendo vivo el Partido Comunista en el camino hacia la revolución socialista-comunista.