Este otoño, los trabajadores de la educación volvemos a organizarnos y movilizarnos. En septiembre, la enseñanza catalana volvió a la huelga, demostrando que los problemas del curso pasado siguen presentes. El 14 de octubre, Madrid inicia una huelga indefinida y ese mismo día habrá huelga en Huesca. El 11 de noviembre, será el turno de Andalucía. Y en otros territorios se empieza a hablar de nuevas movilizaciones.
Venimos de un curso intenso. En Valencia, el profesorado sostuvo una huelga indefinida durante 32 días, que terminó con una suspensión temporal del paro mientras buena parte de las reivindicaciones seguían sin resolverse. En Cataluña, tras un curso lleno de luchas, el nuevo comenzó con otra jornada de huelga y las movilizaciones continúan.
Conflictos diferentes, con reivindicaciones y circunstancias concretas. Todos parten de una realidad común: unas condiciones de trabajo cada vez más difíciles y un sistema educativo que descarga sus problemas sobre quienes lo sostienen y sobre las familias trabajadoras que dependen de él.Durante demasiado tiempo, las luchas educativas han ido cada una por su lado.
Infantil, institutos y facultades se movilizan por separado. Interinos, personal fijo y personal de administración y servicios. Cada territorio y cada sindicato libra su propia batalla. Cuando una movilización termina, la experiencia acumulada suele perderse, y la siguiente lucha empieza de cero.
Estos meses tenemos la oportunidad de cambiarlo. Trabajamos en centros, territorios y etapas distintas, y compartimos lo esencial: somos una misma clase. Por eso queremos conectar nuestras luchas y que cada una sirva a las demás.
Que lo aprendido en un centro llegue a otro. Que la experiencia de una huelga fortalezca la siguiente. Que cada asamblea, cada movilización y cada conquista dejen más organización de la que encontraron. Que ninguna lucha empiece de cero.
Una misma clase.
Hombro con hombro, clase contra clase.